Diego Camargo es un tipo increiblemente divertido y una gran persona... pero lo odie por escribir esto:
El Ataque de los 30...
Hay que admitirlo; llegar a los doce fue el primer orgullo de crecer; ya se podía entrar a ver películas de mucha acción y más muertos sin miedo a que lo echaran a uno en la entrada del cine. Los 18 fueron también memorables: emborracharse con la anuencia del gobierno era un privilegio que tardó toda la vida en aparecer. Los 27 estaban bien... superar con relativa dignidad la edad a la que se mató Andrés Caicedo daba aires de grandeza.
Pero luego llegaron los 30 y la vida se convirtió en una seguidilla de sucesos insípidos y miserables que, si tenemos suerte, se romperá con la emocionante aparición de los 40 y sus lumbagos, sus sospechas de Alzheimer, sus exámenes de próstata, sus funerales de amigos y sus complementos de calcio y vitamina B. Acepto gustoso cualquier cosa que lo saque a uno del profundo estado comatoso en que lo sumieron los malditos 30.
Y es que lo más tormentoso de llegar al cuarto piso (1) es descubrir que todavía es demasiado temprano para recoger los frutos de una vida de buen trabajo... pero que también es demasiado tarde para empezar a sembrar frutos de lo que sea o para conseguir un buen trabajo.
Si ya llegó a los 30 renuncie a sus pretensiones de felicidad y sepa que hace rato pasó por el punto más alto de su existencia... ya nada será mejor de lo que fue hasta ahí. De ahora en adelante todo viene en descenso, al menos hasta que haya aprendido a resignarse (que es lo que pasa a los 40); solo entonces encontrará algo de alivio para su dolor.
Acepte de una buena vez que dormirse después de la media noche le costará un día completo de recuperación; a menos que se haya tomado cuatro aguardientes, en cuyo caso le tomará tres días... una semana si además se comió unos camarones al ajillo. Aprenda a convivir con la certeza de que por más ejercicio que haga y más tratamientos que use, su abdomen se abultará y su cabeza se despejará; su pantalón ascenderá hasta tapar el ombligo y los pelos de su nariz crecerán hasta asomarse al mundo.
Admita que a los treinta gana más dinero que a los veintitantos, pero que tiene menos cosas divertidas en qué gastarlo. Deprímase recordando a las niñas de 6 años que lo perseguían en su barrio de adolescencia, y que ahora se han convertido en hembras memorables con novios inflados a punta de esteroides a los que uno les pudo romper la crisma hace 18 años.
Sufra descubriendo que los tenistas son considerados ancianos a los 30, y que es virtualmente imposible alcanzar a encender 30 velas en una torta sin que las primeras se derritan sobre la crema.
Llore en silencio cuando sepa que sus personajes favoritos de niño (como Mazinger, Meteoro, los Thundercats y hasta Alf) se han convertido en íconos retro, y que muchos adolescentes de hoy no comprenden por qué uno tuvo que acostumbrarse a la idea de oír mucha música sin andar con un talegado de CDs.
Si tiene 30, atérrese calculando que la última vez que vio a Colombia en un mundial usted tenía 15 años... la misma edad que hoy tienen los que nacieron durante ese mundial.
Ojo... a los 30 años John Wayne había protagonizado 76 películas; Bolívar ya había liberado a Venezuela; Albert Einstein había concluido que E=MC2; Beethoven había escrito 26 sonatas, 3 conciertos y una sinfonía; Pamela Anderson había sido conejita Playboy 5 veces; Alejandro Magno había conquistado el mundo conocido; y ni usted ni yo hemos hecho nada de lo que nadie se vaya a acordar la semana entrante.
¿Ya se deprimió? Espere que descubra cuánto se ganaban Tiger Woods, Shakira y Juan Pablo Montoya antes de los 31... ellos rompieron el molde, los demás estamos condenados a vivir la peor época de nuestras vidas entre los 30 y los 39 años.
Lo único bueno de esta edad, es que uno puede resultar igualmente atractivo para una señora de 40 años como para su hija de 20.
(1): Sépalo: llegar a los 30 años es alcanzar el cuarto piso, no el tercero. Se trataría del tercer piso si usáramos el sistema español, en el que el primer piso de un edificio es la planta baja y el segundo piso es la primera planta... de todas maneras una caída del cuarto piso o la tercera planta duele igual.
Por Diego Camargo
Diego Camargo es periodista y uno de los comediantes más reconocidos del país. Su show A ver si es tan Machito prepara su gira internacional. Camargo ha sido director de televisión, columnista de tecnología, locutor de radio y cuentero, pero no sabe si logre llegar a los 39 años incólume.
viernes, junio 26, 2009
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