Juan Diego me mira y se sonríe. Me suelta una frase que no voy a olvidar nunca. “Yo me metí en eso, por la misma razón que uno comete los errores mas grandes en la vida. Por una mujer”. No se si reírme o llorar, solo atino a decirle que me explique y entonces con una cerveza en la mano me suelta su historia.
Él llego al movimiento invitado por un compañero de oficina y después de un rompimiento con su novia de 5 años. “Yo nunca había sido realmente muy religioso, casi nunca iba a misa. Pues uno esas cosas no las hace, uno cree en dios, pero no hace nada al respecto”, y por eso quizás se sorprende ahora de cómo entro al culto tan rápido. “En menos de un mes, ya tenia CDs con música cristiana en mi casa, ya leía la Biblia, e invitaba a mi familia y a mis amigos a las reuniones”. Fue cuando empezaron a pedir el diezmo y a generar ambientes de intolerancia que Juan Diego dejo de sentirse cómodo. Y empezó a sentirse señalado por el grupo por “apartarse del camino”.
Lo más sorprendente es que a pesar de estar en desacuerdo con algunas creencias y prácticas del grupo, Juan Diego permaneció en el mismo durante dos años más. “Cuando me retire, fue peor que cuando llegue. Me sentía miserable. Era como una adicción, como una droga. Y yo la había dejado”.
Juan Diego me cuenta que cuando fue al sitio por primera vez se sorprendió, por el lugar donde quedaba el templo, o “culto” como lo llama él. Pero que igual fue llevado por la promesa de felicidad. De comprensión. De aceptación. En la primera reunión se sintió extraño, veía como todos cantaban, como gritaban al unísono movidos por el pastor, como en medio del calor del lugar se sentía una ola de desesperación y de fe incomprensible. “Era la verdad como estar en una rumba, una cosa muy de masas, como una orgía de gente que clama a dios”. Mas cerveza para aclararse. “La primera vez es sorprendente porque uno no se siente parte de eso, pero sin embargo hay algo embriagador en esa sensación de masas, en ese movimiento de todos… por eso uno vuelve”. Y así lo hizo, Juan Diego volvió durante un año.
“Yo cambie mucho”, me dice como queriendo medir sus palabras. “Me olvide de Stella”, en ese nombre sonríe y me hace pensar que me dice mentiras, que no la ha olvidado todavía, que solo la ahogo en medio de la secta, un amor no se olvida tan fácilmente. “para mi la vida era estar en el culto, entre semana tenia reuniones con amigos que asistían al culto y leíamos la Biblia y reflexionábamos sobre ella, orábamos y cantábamos. En el trabajo muchas veces me dedicaba a evangelizar a mis compañeros, que ya estaban hartos de escucharme. Y lo mejor era ir al culto los sábados. Eso era toda una alegría para mi, el corazón no me cabía el viernes en la noche pensando en el culto.”
Mientras veo a Juan Diego pienso en lo que he investigado; él perteneció a la iglesia denominada “Oración Fuerte al Espíritu Santo” durante 3 años. Luego de los cuales se canso de buscar respuestas y entregar su dinero por promesas. Sin embargo, son muy pocos los que como él logran retirarse. “Uno llega a un sitio así, primero con mucha prevención. Luego, cuando ve como son todos con uno, cuando siente ese nivel de aceptación, pues uno se queda. Se siente parte de algo, y eso es importante, sentirse querido”. Supongo que todos queremos un poco mas de amor.
En el sector del centro, existen muchos cultos y uno de los mas fuertes es el de “Oración Fuerte al Espíritu Santo”, también conocido como “Pare de Sufrir”. Esta iglesia nació en brasil en 1986 y tiene presencia en 80 países, es dueña de una cadena de televisión en Brasil y de varias emisoras. Algunos analistas han observado el inmenso poder que tiene esta iglesia gracias al uso acertado de los medios de comunicación. Le pregunto a Juan Diego por esto, y me dice que siempre había alguien con una cámara de video en las ceremonias, que hasta donde él sabia siempre los grababan y les vendían videos de ceremonias y de discursos de sus lideres en todo el mundo. “esa vaina es muy grande, y va muchísima gente, de todas partes, van mujeres, niños, hombres, ancianos, gente rica, gente pobre, va gente del Poblado y del Centro, a veces llegaban en buses de otras partes, como Rionegro y Sabaneta”. Juan Diego se ríe ante mi cara de incredulidad y me dice “mire, si usted cree que esta ciudad es católica esta equivocado, esta ciudad es evangélica”, y varias cifras se me vienen a la cabeza, según algunos analistas, se calcula que en Estados Unidos existen más de 3000 sectas o grupos religiosos. Según datos del DANE existen más de 100 sectas y grupos religiosos minoritarios en Colombia. Existen tres grupos mayoritarios: la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (mormones), los Adventistas del Séptimo Día y los Testigos de Jehová.
También pienso en el dinero; en su libro “¿A dónde va la religión?”, Miguel Pastorino apunta: "Autolatina, la mayor empresa privada de Brasil, factura 337 millones de dólares al año, mientras que la Iglesia Universal del Reino de Dios llega a facturar 950 millones de dólares, según la revista brasileña Veja, en 1998. En menos de 20 años, Edir Macedo convirtió un pequeño local alquilado de un barrio humilde de Río de Janeiro en la más grande multinacional brasileña". Le pregunto a Juan Diego por esto y me dice que la verdad, el nunca pensó en el diezmo, para él era algo natural, “como pagar por mi dosis de felicidad”, porque para Juan Diego la vida dentro de la comunidad implicaba felicidad, pero solo ahora que esta fuera de ella, reconoce que la felicidad era artificial, y se siente manipulado. Sin embargo uno puede ver un poco de melancolía en sus ojos cuando piensa en el culto. Le pregunto sobre que podría decirle a alguien para evitar caer en manos de la secta. Me mira extrañado y me doy cuenta que es la primera vez que uso esa palabra en toda la conversación. Por su expresión es casi ofensivo. “una secta si fueran un par de personas, pero estamos hablando de mas gente que una iglesia católica, era un cine lleno de personas con ganas de alabar a Dios y de redimir sus pecados”. Cometí un error. Emocionalmente Juan Diego a pesar de llevar mas de 2 años fuera de la secta aun esta atado a ella. Le pregunto por su salida, que lo motivo a retirarse. “la verdad, varias cosas. A mi me señalaban mucho porque no había convencido a mi familia de unirse a la comunidad. Me decía que tenia que aumentar mi fe. También me hacían sentir mal porque a veces me iba con algunos amigos de la oficina a rumbear o a cine, ellos no toleran esas cosas. Todo lo que esta fuera de la comunidad es visto como pecado, o como tentación.” Eso fue menoscabando su relación con la comunidad. “Si Dios es amor, Dios no puede ser tan intolerante. Dios tiene que amar a todos sus hijos”. Nos tomamos otra cerveza y damos por terminada la entrevista. Es viernes, mañana sábado voy a ir a la comunidad.
Entre prostitutas, vendedores de chuchearías, policías, mendigos, drogadictos, cerca del parque Bolívar en pleno corazón neurálgico del centro, y en el local de un antiguo cine porno, se encuentra la iglesia mas grande de “Oración Fuerte al Espíritu Santo” que existe en la ciudad; lo que sucede en esta iglesia sucede en los mas de 30 iglesias esparcidas por todo el país. Como Juan Diego lo dijo, hay muchísima gente. De todas las edades y de todas las razas, pero sobretodo mujeres. Todos visten muy formal y yo me siento un poco ridículo con mis jeans y mis tenis desgastados. Para entrar hay que pasar por algunos cordones de seguridad, la verdad es que algunas personas me miran extraño, en cambio otras me regalan sonrisas. Es como entrar a un concierto de rock. El sitio esta iluminado por completo, contrariamente a lo que esta acostumbrado en un cine, la sensación es de grandeza, de majestuosidad. Aunque el lugar aun huele a humedad y las capas de pintura nueva no pueden ocultar la vejez del sitio.
Una vez adentro empieza el rito. Al principio son 45 minutos de cantos, alabanzas y rezos, guiadas por el pastor y seguidos por su público. En este momento de la ceremonia estoy en un estado de aletargamiento inexplicable, es como si fuera otra persona. Al principio la música y los cantos son molestos, y se despierta en mi un poco de cinismo, luego es como si la masa se apoderara de mi, y casi quisiera conocer la letra de las canciones. Después de la orgía de sonidos viene la recolección del diezmo, siguiendo con su carisma el pastor dice que para sostener la iglesia y la palabra de Dios en todo el mundo, todos debemos colaborar con dinero. Luego viene la venta de CDs, libros, camisetas, afiches, objetos santos. Entonces recuerdo que estoy entre seres humanos, y que el aparato comercial de la secta es superior a su espiritualidad. Cuando pasan por mi lado y en lugar de dinero doy una sonrisa, a mi alrededor me miran con desden. Le digo adiós al espíritu de comunidad. Es entonces cuando decido irme, antes de que empiecen de nuevo los cánticos y las alabanzas. Afuera llueve. Y me siento un poco solitario. Pero la verdad, para mi, es mejor así.